selección

Cómo contratar malabaristas

Consideren la siguiente entrevista ficticia “Gerente de Circo: ¿Cuanto tiempo ha estado usted haciendo malabarismo? Candidato: Oh, como seis años Gerente: ¿Puede dominar tres bolas, cuatro bolas, y cinco bolas? Candidato: Sí, sí y sí. Gerente: ¿Trabaja usted con objetos en llamas? Candidato: Claro. Gerente: ¿…cuchillos, hachas, cajas de cigarro abiertas, sombreros de paja? Candidato: Puedo hacer malabares con cualquier cosa. Gerente: ¿tiene algún tipo de golpeteo divertido como parte de su espectáculo?

Cuidado con los ensimismados

En una reciente comida, una de los comensales, gerente de una empresa, me pregunta por qué la gente que trabaja en sistemas era tan “especial”, sobretodo ensimismada (otra palabra que se usó en la mesa fue autista, pero por motivos que me reservo, y de respeto, prefiero no usar ese término). Yo aventuré una respuesta, que en realidad insistía en el cliché de que los informáticos son así. La verdad es que no quedé satisfecho con mis comentarios en esa mesa, porque posteriormente llegué a la conclusión de que probablemente esa gerente tiene problemas de selección de su equipo.

Atolondrados Tecnológicos

Dominar lo básico de las TI (tecnologías de la información) es un primer paso para asegurar la sobrevivencia social, laboral y cultural de las personas que pretenden desarrollarse en el siglo XXI. Por eso que nos preocupa, y escandaliza las declaraciones de nuestras autoridades al confesar su ignorancia en estos temas. Pero dominar el computador, navegar por internet, tener un perfil en facebook, o usar google no es suficiente. Hay que recordar que sin una cultura básica, un nivel de educación adecuado, la internet se convierte sólo en un medio de comunicación tan vacío, o incluso peor que los medios tradicionales.

El analfabetismo digital del ministro

Reconocer la ignorancia puede ser positivo, agradecemos que alguien nos informe que es ignorante en forma oportuna, porque esa honestidad a tiempo nos permite tomar una decisión. Por ejemplo, si la persona, que ha sido nombrado como profesor de historia de nuestros hijos, reconoce su ignorancia en estas materias, se lo agradeceríamos, siempre que ese reconocimiento fuera antes de asumir su cargo. Pero si nos enteramos después, cuando un año de enseñanza de nuestros hijos se ha perdido, en realidad esa honestidad no sirve, ni se agradece, al contrario, nos despierta una profunda indignación.