Datos Como Artefactos Democráticos

Álvaro Graves es otro de los invitados que aceptó mi invitación a escribir durante este mes del séptimo aniversario de este blog. Álvaro  lleva varios años aportando en el equipo de Manzana Mecánica. Además se ha vuelto en uno de nuestros expertos nacionales en el ámbito de OpenData, asesorando diversas instancias en este tema. Álvaro actualmente está preparando su doctorado en Ciencias Cognitivas en Estados Unidos. Nos ha regalado este interesante post sobre la importancia de tener datos abiertos y cómo su disponibilidad podría afectar positívamente nuestras democracias:

Datos Como Artefactos Democráticos

Por Alvaro Graves

Somos varios los que por años hemos reclamado por la necesidad de polí­ticas Open Data en muchas instituciones de relevancia para la sociedad: Ministerios, municipalidades, universidades, etc. La pregunta es por qué estas instituciones debiesen implementar tales polí­ticas. He escrito en varios artículos acerca de los múltiples beneficios que las organizaciones pueden obtener al invertir en Open Data (que por lo demás, generalmente requiere un presupuesto relativamente pequeño). Sin embargo, hoy quisiera describir algunas de las razones para implementar proyectos de Open Data desde el punto de vista de la sociedad como un todo. Esto no atañe sólo a organizaciones del gobierno, sino a casi cualquier organismo que busque transparentar su actividad frente a la sociedad.

Datos como un artefacto para el accountability

En primer lugar, creo firmemente que el acceso y manejo de datos (crudos) se están convirtiendo en pilares cada vez más fundamentales a la hora de definir nuestra capacidad de decisión y de participación en la sociedad. Esto es especialmente cierto en la relación de los ciudadanos con el gobierno de turno, pero también es aplicable a la relación ciudadano-AFP, ciudadano-barrio, ciudadano-hospital, etc. Uno de los problemas más grandes que hay (principalmente con el mundo polí­tico) es la falta de confianza y buena fe con los interlocutores: Cada vez es menos la gente que vota por un diputado por pertenecer al partido X. Tampoco da muchas garantí­as que el alcalde Y pertenezca a la iglesia A o sea hincha del equipo de fútbol B. Una tendencia cada vez más común es buscar datos que permitan validar la calidad del candidato, incluso la “calidad moral”. Ejemplos abundan, el más relevante en Estados Unidos actualmente son las declaraciones de impuestos de Mitt Romney, actual candidato a la presidencia por el Partido Republicano: Existen rumores sobre evasión de impuestos que de ser ciertos pondrían en serios aprietos el éxito de su candidatura. A nivel chileno, un trabajo muy interesante es el que ha realizado la Fundación Ciudadano Inteligente con su Inspector de Intereses, donde muestran posibles conflictos de intereses entre las inversiones de los parlamentarios y las leyes que han votado.

Otro problema endémico donde Open Data puede ser un actor clave es en cómo se crean las políticas públicas: Muchas veces estas políticas son ideadas y generadas en base a la “visión” (en buen chileno, la “tincada”) del líder de turno, con todos los sesgos que esto conlleva y sin ningún otro tipo de justificación. En una sociedad donde cada vez se dan menos votos de confianza a los líderes, es necesario que estos tomen decisiones respaldadas en base a datos más que en la percepción subjetiva de un grupo reducido de individuos.

Lo anterior también es aplicable a justificar no sólo las polí­ticas, sino cómo se transmite la información sobre estas en los medios de comunicación: Cuando decimos que la delincuencia bajó o que la educación mejoró, ¿A qué nos referimos realmente? ¿Estamos comparando manzanas con manzanas realmente? ¿Es la diferencia estadí­sticamente significativa? Hay preguntas aún más difí­cil de responder: ¿Es posible identificar un conjunto de razones por las cuales este cambio ocurrió? ¿Es posible identificar a los actores relevantes relacionados con este cambio? El problema es que nos quedamos en el titular del diario “DELINCUENCIA SUBIÓ”, sin más información al respecto. Al igual que en el mundo de las publicaciones científicas, es necesario acceder a los datos que justifican tales afirmaciones, las cuales sino son vací­as.

Datos como un artefacto consumible por la ciudadaní­a

Esto nos lleva al segundo punto, que es más complicado que el primero: Para mejorar nuestra participación en sociedad, no basta tener acceso nominal a los datos, sino la capacidad de procesarlos y consumirlos. Esto implica al menos dos desafíos. Por un lado, el “caballito de batalla” original del movimiento Open Data acerca de la disponibilidad en lí­nea de datos, usando formatos abiertos y con licencias lo menos restrictivas posibles. La segunda parte es cómo hacemos para que otros seres humanos puedan consumir estos datos, especialmente quienes no son hackers, computines, etc. Es decir, quienes no tienen los conocimientos técnicos para procesar grandes volúmenes de datos. ¿Cómo mostrar los datos que justifican decisiones de organismos gubernamentales con distintos niveles de profundidad para diferentes personas? Un experto querrá el máximo nivel de detalle y granularidad, mientras que un ciudadano común probablemente quiera una versión más digerida (pero quedarse en el encabezado de un artículo de un diario ya es demasiado resumido).

Otra oportunidad que puede tener alto impacto es la de permitir a la ciudadaní­a crear un diálogo con el gobierno en base a datos, en vez de presentar demandas basadas sólo en ideología sin evidencia. Aunque desde hace mucho existen movimientos cuyas propuestas tienen un sustento en base a estudios y “datos duros” (por ejemplo, el caso de Educación 2020), estos grupos y organizaciones siguen necesitando de especialistas, investigadores, etc. Lo anterior implica que esta clase de discusiones es posible sólo en temas de “alto nivel” (Ej: políticas nacionales de educación), pero no así para decisiones que son relevantes para comunidades más pequeñas (Ej: ¿Qué calles deben tener prioridad para ser arregladas en la ciudad de Los Vilos?). Lo ideal sería que la gran mayoría de las propuestas que se hacen tanto a nivel de política de estado así como de junta de vecinos pudiese ser discutidas con datos que las respalden, de manera que la ciudadanía pueda decidir, no en base a discursos vacuos, sino a cuáles presentan los datos más confiables y que muestren una solución más óptima a los problemas planteados.

Una sociedad de pensamiento crí­tico

Hay muchas ideas cuya piedra de tope son aspectos sociológicos y culturales, más allá de la disponibilidad de datos o no. Sin embargo, nuestra sociedad es cada vez más tecnificada y esto permite que la gente tenga más herramientas a mano que usen datos duros para tomar decisiones. Estas herramientas nos permiten procesar mayores volúmenes de datos de los que jamás hubiésemos imaginado hace un siglo atrás. Sin embargo, es necesario hacer más accesibles estas tecnologías para poder mejorar nuestra democracia. Si de verdad queremos subir el nivel del diálogo y discusiones políticas (i.e., discusiones en y sobre la Polis), es necesario poder racionalizar nuestras decisiones, eliminar de ellas el discurso vacío y hacerlas accesibles al escrutinio público. Esto sólo se logra con datos que justifiquen nuestras opiniones y decisiones.

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Autor

Ingeniero, autor, emprendedor y ejecutivo chileno. Apasionado programador.

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