Motivar

Hay grandes discursos, esos que motivan a naciones enteras, como el mensaje de Churchill a la Cámara de los Comunes en mayo de 1940, de donde viene esa famosa frase: “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor.”

A mi me gusta mucho el que Kennedy pronunció en la Universidad de Rice en 1962, el famoso discurso donde dice ““Escogemos ir a la Luna y hacer las otras cosas, no porque sea fácil, sino porque es difícil.”

We choose to go to the moon in this decade and do the other things, not because they are easy, but because they are hard, because that goal will serve to organize and measure the best of our energies and skills, because that challenge is one that we are willing to accept, one we are unwilling to postpone, and one which we intend to win, and the others, too.

Kennedy tenía buenos discursos, como aquel en que pronuncia “Ich bin ein Berliner”,

Two thousand years ago the proudest boast was civis Romanus sum [I am a Roman citizen]. Today, in the world of freedom, the proudest boast is ‘Ich bin ein Berliner’… All free men, wherever they may live, are citizens of Berlin, and, therefore, as a free man, I take pride in the words ‘Ich bin ein Berliner!’

Parece que ya no se hacen discursos como aquellos, con frases elocuentes. Hoy los discursos suelen tener un estilo más sencillo, pero no por ello menos motivantes, como este discurso de Steve Jobs:

Como verán, se pueden conectar los puntos, y dar un mensaje directo, y motivador, sin necesidad de recurrir a grandes recursos retóricos. Hoy en día, “esas frases para el bronce”, pueden sonar algo anticuadas.

Lo esencial de estos discursos motivadores es mostrar que todos enfrentamos problemas, los que estamos a cargo, y los que colaboramos en el proceso, pero aunque las cosas se ven dificiles, podemos superarlas, que lo importante es no temerle a los desafíos.

Cuando estás a cargo de un grupo de personas, cuando eres lider, esto es muy importante. Nada peor para un equipo de trabajo que tener un jefe ensimismado, que no se toma el tiempo para motivar, o alentar a su equipo.

Yo he tenido jefes callados, que no cuentan nada, que no revelan nada, y que mantienen a toda la empresa en un estado de incertidumbre, ¿y les digo algo? esa actitud termina haciendo que la gente se aburra, y empiece a migrar, perdiéndose en el proceso buenos elementos. Tal como hay que tener cuidado cuando un miembro de tu equipo es demasiado callado, tú, como jefe, debes tener evitar ser demasiado reservado, y poco motivador.

Si eres jefe, o empresario, o estás a cargo de un grupo de trabajo, considera darte un tiempo para motivarlos. Prepara una reunión especial, donde les cuentes la realidad de la empresa, los desafíos que se vienen, o como esperas que salga el próximo proyecto. Tu equipo siempre te lo agradecerá, y verás como las cosas empiezan a mejorar.

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Autor

Ingeniero, autor, emprendedor y ejecutivo chileno. Apasionado programador.

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