Adios Chuquicamata

Querida Francisca:

Hija mía, yo nací el siglo pasado, en un pueblo que ya no existe.

¿Cómo contarte la pena que siento en este momento?

El pueblo donde nací, donde mis viejos me criaron, donde está enterrado mi papá, ya no está.

No podrás verlo, no alcanzaste a conocerlo como lo hicieron tus hermanos mayores y tu madre. Muy poco queda ya, y desde ayer pasó a ser un pueblo fantasma, como tantos que hay en el norte de nuestro país.

Da pena, tengo nostalgia. Comparto y comprendo ahora los sentimientos de mi abuelo, cuando me contaba que el también habia nacido en un pueblo sepultado por la torta de ripios.

Es muy dificil explicar los días de explendor de esa pequeña ciudad minera, que tenía de todo, y era una joya en medio del desierto más árido del mundo.

Me dió pena ver en televisión a don Alcides Lira, el dueño de La Verbena, un viejito afectuoso, y que más de una vez, cuando niño me hizo regalos maravillosos, gracias al tremendo cariño que tenía a mi padre.

Ese señor, que  invitaba todos los años al viejo pascuero, que llegaba en su trineo, repartiendo dulces, para instalarse en un escenario que atravesaba la calle frente a La Verbena, donde podíamos recibir los regalos de sus manos.
En ese mismo escenario, donde siendo adolescente toqué la batería para ayudar en la Teletón.

Más allá estaba el Club Chuqui, donde los viejos disputaban la Copa Minera, y mis primos mayores junto con cientos de estudiantes en práctica, o de vacaciones, competían en actividades para los jóvenes todos los veranos. Afuera del club, el kiosco "El Monje", en donde mi viejo nos compraba El Billiken, y mi hermano empezó su amor por los comics.

Idealizamos nuestros recuerdos, es cierto.Teníamos contaminación, el clima y el paisaje son duros por allá. . Las diferencias entre los roles A, B y C era algo que te marcaba, y las luchas de los mineros eran justas, y nunca serán entendidas por el resto de los chilenos. Pero la gente era como todos, con grandezas y bajezas. Los mineros nunca supieron cuidar sus ingresos, y el ahorro es algo que nunca aprendimos en esa tierra de malas costumbres, y gastos superfluos.

La vida sigue, y mi vida está contigo ahora, tú naciste y vives en Santiago, y no sabemos a donde te llevará la vida, pero quería contarte esto hija mía, para que sepas de donde viene tu padre. Quizás algún día visitemos la mina, y conozcas algo del casco histórico, y visitemos la tumba de tu abuelo, que es lo único que queda de mi ciudad natal.

Adios Chuquicamata, Incipit Vita Nuova.…

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Eduardo Díaz
Autor

Ingeniero, autor, emprendedor y ejecutivo chileno. Apasionado programador.

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